A propósito del día del padre

Ya lo dije alguna vez, mi historia es una historia de mujeres, pero han habido hombres maravillosos en ella y hoy, a propósito del día del padre, quiero hablar de ellos.

Dos han sido los hombres que cambiaron mi vida y aunque con los dos fue amor a primera vista, han sido amores muy diferentes.

Roma 1981

Mi papá llegó a mi vida cuando yo tenía poco más de dos años y creo que no hay que explicar esa llegada tardía, porque llegó para quedarse y ser el mejor papá del mundo, sin que la biología jugara ningún papel determinante en esto.

Desde el momento en que aceptó adentrarse en la aventura de su vida, lo hizo amorosa y generosamente, pero sobretodo comprometido con su nuevo rol de padre, aprendiendo día a día de nuestra relación y enseñándome que así son las relaciones, una construcción permanente que se enriquece con el tiempo.

Mi papá es un soñador, un idealista, un hombre comprometido con la vida y con su papel en ella. No le ha sido fácil caminar por esa senda, pero me ha enseñado que vale la pena mantenerse fiel a nuestros principios, a nuestros sueños. También me ha demostrado que el amor es más fuerte que todo. Ha sido mi cómplice y compañero de juegos.

Refunfuñón y terco, seco muchas veces, es de corazón y sensibilidad enormes. Sus manos hablan bien de él, grandes y fuertes, son a la vez tan delicadas que son capaces de dar caricias suaves, de limpiar lágrimas furtivas y de dibujar ratones imaginarios que me acompañaban al colegio los días grises de invierno en Paris, cuando levantarse era tan difícil. Siempre he dicho que mi papá es como un mojicón (un tipo de pan dulce colombiano), pues la capa de azúcar de afuera es áspera y carrasposa, pero su interior es dulce y blando.

Es una de las personas con más imaginación que conozco, capaz de contarle a su nieta historias interminables que nos dejan a todos boquiabiertos y envidiosos de su destreza y de su rico vocabulario. Noble, sincero y transparente, siempre me enseñó con su ejemplo que una pareja es un equipo en donde hombres y mujeres aportan, se acompañan, se estimulan y enriquecen. Feminista hasta la médula.

San Francisco, 2014

J llegó hace muchos años cuando menos lo esperaba. Me sorprendió su mirada, su capacidad de pensar en los detalles que me hacían feliz, su conversación fluida y la facilidad con la que me hacía reír y sentir querida.

Me enamoró el hombre que veía en él, aunque todavía era un niño. Mirando hacia atrás los años que llevamos juntos, descubro que comparto mi vida con un amigo, un cómplice, alguien en quien creo y quien cree en mí. No ha sido fácil, no se engañen, hemos tenido verdes y maduras, pero hemos logrado acoplarnos a los cambios de cada uno y crecer juntos, intentando siempre no olvidar que somos parte de la vida del otro, pero no la vida misma, porque creemos en lo maravilloso de compartir con ese otro amado, la vida que cada uno tiene.

Nunca dude del gran padre que sería. Supe desde siempre que volverse papá sería el triunfo de su vida y no me defraudó cuando P llegó a nuestras vidas. Verlo frágil, entregado, perdido en los ojos de su hija, me recordó lo vivido en mi infancia, cuando mi papá me rodeaba con su brazo y me hacía sentir protegida. J se dejó afectar por su hija, dejó que sus manos lo tocaran y que sus ojos lo miraran como nadie lo había hecho. Se dejó volver mejor hombre.

Siempre estarán entre mis recuerdos, las imágenes de J bañando a P desde que era una recién nacida, dejándola en su cuna en la madrugada para, sin haber dormido nada, bañarse e irse a trabajar, dándole el tetero en la penumbra e intimidad de la media noche, haciendo trenzas y pancakes en las mañanas, furioso en el jardín infantil cuando solo hacían referencia a “las mamás” y no hablaban de “los papás”… Lo he visto maquillado, peinado de mil maneras, dejándose operar o imaginando miles de hipótesis junto a P en relación a cual será la historia de la próxima película de star wars. Lo he visto oyéndola, compartiendo con ella su vida. Siempre ahí.

J ha apostado por la aventura de crecer. Le ha costado, como a casi todos, pero con miedo y valentía (porque si, se puede tener las dos cosas a la vez), el amor por nosotras, su familia, lo impulsó a querer conocerse, mirarse, cuestionarse, salir de su zona de confort y jugársela por una vida en compañía y en construcción permanente.

Mi papá y J, son dos hombres maravillosos, de los cuales me siento orgullosa. Y pese a asegurar que mi historia es una historia de mujeres, nunca sería la historia que es si ellos no hubieran aparecido en ella y hubieran decidido quedarse.

Nota: terminando este post, una gran amiga me compartió un texto de Alberto Soler que me cae como anillo al dedo, pues habla de hombres como mi papá y J. Hombres que “no ayudan a su mujer con los niños ni con las tareas de la casa”… que horror?? los invito a que le dediquen 5 minutos más a su tiempo de lectura en internet y lean este maravilloso post http://www.albertosoler.es/yo-no-ayudo-mujer-los-ninos-tareas-casa/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s