Una palabra clave: decidir

Soy, sin lugar a dudas una mujer que se siente orgullosa de serlo. Una mujer, que siempre ha sentido que merece lo mismo que un hombre y que por lo mismo, también tiene semejantes responsabilidades. Una mujer con sueños, ilusiones y metas en la vida.

Agradezco enormemente a todas las mujeres que hace muchos años decidieron dar la pelea para que hoy pudiéramos acceder a muchos de los espacios que se creían exclusivos para hombres… pero todavía nos falta mucho y creo que hoy, es importante replantear los términos y volver a cuestionarnos.

Apoderarse de la capacidad de decidir, es la gran batalla. Pero es una batalla que no podemos dar solo nosotras. Porque mis queridos hombres sin saberlo, al seguir siendo cómplices de este sistema que les ha resultado tan cómodo por tantos años, se están perdiendo de maravillosas cosas de la vida que otros han empezado a disfrutar. La posibilidad de ser flexibles, generosos y abiertos a los cambios es la gran lucha de la vida en pareja. Porque como mujeres y como hombres, hoy en día lo queremos todo en una sociedad que no fácilmente nos lo permite.

Los hijos ya no son solo de las mujeres, el trabajo no es solo de los hombres, todos queremos tiempo a solas, todos queremos cumplir nuestros sueños. No es fácil. Pero de a dos es más sencillo. Juntos, tenemos que conseguir una sociedad más conciliadora, en donde el tiempo de tener hijos, no se considere una intromisión en la carrera profesional de ninguno. En donde tanto padres como madres, puedan tener tiempo para estar en familia, sin que esto afecte su estabilidad laboral. Una sociedad que respete nuestros ritmos, porque con seguridad seremos más “productivos” de esta manera, pero sobre todo más felices.

Decidir qué queremos ser, por encima de qué tenemos que hacer.

Quiero compartirles un fragmento de un libro maravilloso, escrito hace ya varios años, pero que sigue siendo terriblemente vigente. Pero quiero que los hombres que me leen, lean este texto cambiando el género, y se tomen el tiempo, sincero y consciente, de pensar si no desean lo mismo. ¿Acaso no queremos todos tener la oportunidad de DECIDIR? No se confundan queridos hombres, a ustedes tampoco les es fácil hacerlo libremente.

QUIERO VOLVER A CASA, no necesariamente todo el tiempo.
QUIERO VOLVER A CASA, más a menudo, más tiempo, más libremente.
QUIERO VOLVER A CASA, allí está mi punto de amarre, mi centro de gravedad. La toma de ternura donde puedo recargar las baterías de mi energía.
QUIERO VOLVER A CASA, no quiero pasarme la vida yendo a ver a otra parte si he llegado.
Me niego a optar entre mi destino de mujer que trabaja y mi vida de madre de familia.
No acepto morir el año entero ni de aburrimiento doméstico, ni de fatiga profesional.
No quiero ver a mis hijos ni dos horas por día corriendo, ni doce horas por día gritando.
No creo ni en el trabajo liberador ni en el sacrificio femenino incondicional.
No me considero ni una herramienta de trabajo, ni un aparato electrodoméstico.
Tengo ganas de vivir.
Quiero todo a la vez.
¡Estoy harta de ser una mujer dividida en dos!

Christiane Collange
Je veux rentrer a la maison
Editions Grasset et Fasquelle
1979

Esta es una pelea que muchas mujeres, tal vez no las suficientes, han empezado a librar. Anhelamos conseguir espacios más conciliadores, en donde sin dramas ni terribles esfuerzos podamos articular los diferentes aspectos de nuestra vida. Porque si, la vida tiene muchos matices. Somos mujeres, madres, amigas, esposas, profesionales, exploradoras, soñadoras, batalladoras… Sin embargo, quizás una de las cosas que más me sorprende es que sean pocos los hombres los que también quieran dar esa batalla. Cómo si la vida en familia, íntima y cotidiana fuera territorio exclusivo de las mujeres. No señores, los territorios no son exclusivos y si nosotras luchamos por ganarnos los que se creían masculinos, ustedes también tienen derecho a los que todavía se creen femeninos.

Ernest et Celestine

Creo, cada vez con más fuerza, que el lugar de poder que han ocupado los hombres, ha cegado a muchos la posibilidad de una vida diversa y plena. Sintiendo que tienen derecho a todo, irónicamente se han negado la libertad de vivir lo femenino. Qué paradoja!

Si, soy una mujer que se siente orgullosa de serlo. Pero que quiere serlo a su propio ritmo y bajo sus propios estándares. No quiero ser la mujer perfecta, la amiga perfecta, la profesional perfecta… quiero ser la mujer que soy. Una mujer que quiere poder apostarle a la felicidad y que quiere hacerlo en pareja, sin sentir que dará una batalla sola. Quiero decidir libremente, sin culpa, sin malas caras. Porque si vencemos esta batalla, nos beneficiaremos todos.

ernest et celestine editada

Nota: Acompaño este texto con las bellas ilustraciones de los libros de Ernest et Celestine, de Gabrielle Vincent. Un bello ejemplo de un papá sin miedo a vivir lo femenino.

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2 pensamientos en “Una palabra clave: decidir

  1. Magnífico texto, creo, igual que tú, que cuando las mujeres ganan espacio, también nosotros lo ganamos, cuando ellas son libres nosotros también lo somos. Podemos ir en pareja sin perder la identidad, antes por el contrario, ganando en individualidad y compañía.

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