Un día que no tenía pinta de nada

P está de vacaciones y todos los días son una aventura. A veces no hacemos nada muy especial, pero otros días se convierten, sin pensarlo, en momentos maravillosos, de esos que esperamos en el futuro sean recuerdos amorosos. La verdad creo que a veces no hay que esforzarse tanto, dejarse llevar y de verdad meterse en la dinámica de juego que ellos tienen tan clara.

Desde hace varias semanas P nos había estado pidiendo que le regaláramos las cajas de cartón que ya no usábamos. Y en esta época navideña, van siendo unas cuantas… de zapatos, de electrodomésticos, de mercado… en fin, cajas de diferentes tamaños que fue guardando como un gran tesoro. Cada vez que le preguntábamos para qué las quería, decía que se podían usar en otra cosa y que no quería tirarlas.

Una mañana, de esas en las que mi mente está un poco en blanco y no se me ocurre mucho que proponerle a P, le dije que porqué no hacía algo con las cajas y me dijo que quería hacer una casa. Yo había planeado irme a hacer unas cuantas diligencias navideñas y pensé que la ayudaría en el inicio del proyecto, para luego irme y dejarla ocupada. Pero no pensé que me iba a divertir tanto y que, con toda la consciencia del mundo iba a decidir posponer cualquier diligencia, pues nada se comparaba al momento que estábamos pasando.

La idea, que me parecía un poco complicada al principio, resultó sencilla y muy, muy divertida.

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La participación clave de nosotros como adultos es cortar las cajas en donde ellos quieran la presencia de puertas o ventanas y ayudar un poco en pegar las cajas y fijarlas bien. Eso lo hicimos solo con pegante y cinta de enmascarar.

El diseño de la casa, lo fuimos pensando en conjunto, un cuarto aquí, la cocina allá, el baño más acá… P decidió que quería un ascensor e hizo todo un diseño con cuerda que me dejó muy impresionada…

Una vez armada toda la estructura, la decoración depende del gusto de cada niño y está sujeta a lo que tengamos en casa. Nosotras decidimos usar revistas y recortar mesas, sillas, muebles, texturas, flores, colores, etc… un montón de cosas que fuimos descubriendo en las páginas de viejas revistas y que fuimos recortando y pegando en nuestra casa. Cada uno de ustedes, puede decidir decorarla solo con papeles de colores o flores, hacer una versión absolutamente minimalista en blanco en negro, pintarla con vinilos, en fin, las opciones son miles.

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La casa aún no está terminada, cada vez que a P se le ocurre le pega algo nuevo, y quizás ese es uno de sus grandes encantos, el estar siempre en proceso. Lo que sí puedo asegurar, es que la usa sin parar. Es interesante, P tenía unas casitas de muñecas que le habíamos regalado anteriormente, pero no las usaba mucho. Sin embargo, esta casita, hecha por ella, ha sido la sensación y un gran motivo de orgullo… para ambas.

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Finalmente ese día, que no tenía pinta de nada, terminó siendo inolvidable y el proyecto, sugerido por P, resultó fantástico. Me dejé llevar y jugué feliz… ya podían hacerse más tarde las diligencias.

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3 pensamientos en “Un día que no tenía pinta de nada

  1. Gran lección de Los niños para los adultos pues así es como debemos vonsteuir nuestra vida. Si así lo hicieramos el mundo se pareceria a esta hermosa casa hecha de sencillez y nuestros dias parecerian esos dias que mo parecen nada per lo son todo. Las amo!!!

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