Lo que esta ahí para ser mezclado

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Encontré esta hermosa foto en el blog de Kireei y me enamoré de ella (la tomo prestada)

A veces, lo único que necesito es poner algo de música, abrir la nevera y empezar a cocinar. Nada pretencioso, nada muy elaborado, solo el resultado de la mezcla de lo que está ahí para ser mezclado.

Los sabores aparecen en mi mente como si de pinturas se trataran y quisieran teñir un lienzo en blanco. El plato final, es siempre el resultado de una composición mental, guiada por recuerdos, notas en el aire y las emociones que ese día me acompañan.

Adoro cocinar sin prisa, porque me permite dejar volar mis pensamientos para que jueguen con sensaciones más primarias. Sabores que hacen parte de mi historia y con los que me doy el permiso de componer una nueva historia que será probada con tenedor o cuchara y saboreada por quienes más quiero.

Perdida entre melodías, ritmos, fogones, frutas, verduras, cucharones… dejo pasar el tiempo. Me gusta como huele la cocina cuando estos momentos aparecen. Me gusta ver a P y a J asomarse curiosos a que los deje probar lo que se cuece entre mis juegos.

A veces, lo único que necesito es dejarme llevar por mis sentidos. Pensar poco y disfrutar.

Ayer por ejemplo cocine tres cosas que comparto con ustedes, sin recetas exactas, solo ideas para que las prueben, las disfruten y las hagan suyas.

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Crema de pimientos:

Primero puse los pimientos directamente en los fogones para que el fuego les quemara la piel y les diera ese sabor a tiempo y recuerdos de días en España que me hace tan feliz.

Luego les quite la piel y los corte burdamente en trozos grandes para pasarlos por la sartén con cebolla roja picada finamente, ajo pasado por el triturador de ajos, aceite de oliva, un trocito de mantequilla y sal. Luego de un rato conviviendo unos con otros, les agregue caldo de pollo (natural) que tenía congelado. Pequeño consejo, cuando cocinen pollo, para cualquier otra preparación, no boten el agua que les queda. Pónganla en un recipiente o un ziploc y congélenlo. Siempre será útil.

Al final metí todo en el procesador y le añadí crema agria.

Resultó una crema “abrazadora”, perfecta para días o noches fríos.

Compota de pera, mango, manzana y jengibre:

Puras frutas que fueron quedando olvidadas en el fondo de la nevera o el frutero y que estaban ya las pobres a punto de terminar en la basura. Pero como odio tirar comida, porque siempre pienso en las posibilidades desaprovechadas, decidí darles una segunda oportunidad pasando por la sartén.

Así entonces pique las frutas sin cuidado y las puse en la sartén con agua, azúcar morena, zumo de limón amarillo (que justo ayer volví a encontrar en el supermercado después de muchos meses) y ralladura de la cáscara del mismo limón.

Todo en el fuego hasta que la fruta estuvo blanda y la pude apretar toscamente con un tenedor y guardar todo cuidadosamente en un hermoso frasco de vidrio. Porque después de haber estado casi en la basura, las frutas transformadas en maravillosa compota debe subir al nivel del vidrio y recuperar la belleza que hace poco tuvieron al estar frescas, viéndose provocativas a través de la transparencia de un buen frasco.

Compota de ruibarbo y manzana:

El ruibarbo me ha parecido siempre un ingrediente maravilloso, pues al verlo crudo nadie sospecharía lo maravilloso que puede ser cocinado. Al cortarlo huele un poco a apio, fibroso y crujiente al tacto, parecería imposible pensar que la magia del fuego y el agua lo convertirá en suave, dulce y ácido a la vez. Adoro su sabor, pero también adoro los recuerdos que me evoca… tardes de yogurt con compota de ruibarbo hecha por mi mamá.  

Bueno, el caso es que en la nevera había un atado de ruibarbo, que descubrimos crece en la finca y que quienes la cuidan, después de casi eliminar esa planta que les parecía tan extraña y descubrir que a mi me encanta, me la mandan amorosamente de vez en cuando. Había también en el frutero unas cuantas manzanas que amenazaban con morir, pero que era posible rescatar, así que piqué todo y lo puse en el caldero mágico en el que se convierte mi sartén a veces, junto a agua, azúcar morena, nuevamente mis adorados limones amarillos y la ralladura de su cáscara y lo deje todo hasta que la fruta estuviera suave y deliciosa, merecedora también de un lindo frasco de vidrio.

Ojalá les gusten mis juegos de cocina.

Antes de irme, se me ocurre que, hablando de cocina y música, viene muy bien recomendarles un bello libro de Lunwerg editores:

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Y para terminar, les dejo una de las canciones que me acompaño ayer.

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