El silencio

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Si algo disfruto enormemente de ser independiente y de haberme peleado (conmigo misma) el respetar mis propios ritmos, son los momentos de silencio. Esos momentos en donde estoy sola conmigo y mis pensamientos. El silencio, que gran lujo!!! Sobre todo en este momento que, tristemente, es tan poco valorado por tantos.

La verdad soy super habladora, amiguera, callejera, me encanta estar con gente y no podría hacer lo que hago si no fuera en relación con otros, colaborativamente. Soy una defensora acérrima de que las relaciones interpersonales son claves. Las reales, claro, nos las virtuales. Pero hoy pienso en esos momentos en que no hay nadie, no hay música, no hay palabras ajenas, no hay jefe pidiendo cosas, no hay teléfono, no hay televisión, no hay computador, no hay más que los ruidos de la calle o mejor, los del campo, cuando puedo darme ese permiso.

Hoy hay ruido en todas partes. Es como si el silencio nos asustara… nos confrontara.

Leía hace muy poco, dos libros de Catherine L´Ecuyer, Educar en el asombro y Educar en la realidad (maravillosos y recomendadisimos por cierto) en los que se hablan diferentes cosas sobre el silencio. Entre ellas, que el silencio es una parte muy importante del aprendizaje y es necesario para la reflexión, cosa que aunque nos pueda parecer muy obvia no se refleja en los datos de un estudio, que esta misma autora expone, en el que se muestra como un porcentaje muy alto de personas, preferían autoadministrarse una descarga eléctrica (un calambre), antes que permanecer sentados de seis a quince minutos en una habitación vacía sin otra distracción que sus propios pensamientos. ¿Tan aterrador es encontrarse con uno mismo? ¿tan desastroso es un momento de silencio?

Pienso mucho en esto, pues yo adoro estar en silencio, aunque muchos que me conocen no me lo crean. Adoro estar sentada oyendo los ruidos del exterior, la música del mundo que me rodea. Adoro también esa hora casi al final de la noche, un poco antes del amanecer, en que no suena nada y unos minutos después empieza la sinfonía de los cantos de los pájaros que habitan el parque frente a mi casa, el lento despertar de los habitantes de mi barrio, el paso de la noche al día.

Creo sinceramente que es muy importante reencontrarnos con el silencio y tener la valentía para confrontarnos con nuestros pensamientos, cuando, liberados de tanto ruido, tengan espacio para caminar por nuestra mente. Necesitamos restarle tiempo a la multiplicidad de estímulos externos que nos apabullan y marean, para recuperar ese tiempo para nosotros mismos y nuestro interior. Porque como tan hermosamente lo dice L´Ecuyer, El ruido no solo ensordece, sino que también acalla las preguntas que surgen del asombro ante la observación de la realidad.

Silencio, preguntas, asombro, observación, realidad… algunas de las cosas más necesarias en la vida y tristemente muy olvidadas por la distracción continua en la que nos encontramos.

Los invito a tener el valor de enfrentarse al silencio y aprender a quererlo, disfrutarlo y entenderlo como el mejor escenario para encontrarnos con nosotros mismos.

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Foto David Rodríguez

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2 pensamientos en “El silencio

  1. Dices claramente lo que he sentido muchas veces y que no he logrado expresar. Adoro la música pero la aprecio aún más cuando nace del silencio como una nueva flor en la mañana o se acaba y nos deja el espacio para meditar sobre lo que acabamos de escuchar.

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