A los niños si les gustan las verduras

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Si, a los niños si les gustan las verduras, los quesos, los millones de sabores que el mundo nos ofrece. O por lo menos pueden probarlos e ir construyendo su paleta de gustos. Pero hay que darles la oportunidad. Hay que dejarlos probar, descubrir, ellos solitos, las cosas que les gustan y las que no. Explorar texturas, olores y sabores de la comida. Les aseguro que muchos adultos se sorprenderían de la cantidad de cosas que a los niños pueden gustarles.

¿Por qué tantos mayores insisten en disfrazar los alimentos para los niños? ¿No es suficientemente bella una fresa? ¿Un brócoli? ¿un trozo de queso? ¿Por qué siguen creyendo que para que los niños coman verduras, o alimentos nuevos hay que licuarlos o esconderlos?

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Yo creo que hay que aprender a ver la belleza de las cosas como son. Aprender a comer sin disfraces, a comer los alimentos como son y no por parecer una cara feliz o tener colores artificiales. Más bien comer por el placer de disfrutar los sabores en sí mismos.

Me chocan los quesos tintados, las verduras escondidas o procesadas, los sandwiches con cara de Mickey mouse… la comida que no parece comida me disgusta. Quiero que un pan parezca pan, que el queso huela a queso, a si sea azul, quiero verduras maravillosas, frutas frescas llenas de sabor, alimentos de verdad. Incluso, debo aceptar que cada vez me incomoda más ver todas las naranjas iguales en el supermercado, o las papas sin deformidades… los alimentos de verdad no son uniformes y no por eso son menos ricos.

No es que esté en contra de presentar las cosas bonitas en un plato que honre los alimentos que sirve, hacer cosas divertidas de vez en cuando como cuando en halloween hacemos pizzas que parecen momias o deditos de queso con uñas de almendra. Me refiero al hecho de esconder los alimentos en el día a día, con la creencia que a los niños no les gustarán tal y como son.

No es cierto. A los niños les gusta probar, explorar, comer zanahorias torcidas, papas con protuberancias, quesos olorosos, mezclar sabores, oler, descubrir. Y si, también jugar con la comida. Pero esto no solo significa darle forma de cara a un pan, ponerle orejas a los pancakes, o jugar a los palitos chinos con los palitroques. Significa divertirse con la aventura de encontrar cosas maravillosas al atreverse a probar, o cosas horribles, porque esa también es una posibilidad. Significa ir construyendo un universo propio de gustos.

Por favor adultos, no sigan subestimando a los niños. Ostras, calamares, queso azul, brie, brócoli, apio, coles de bruselas, fresas, moras, ruibarbo, atún, crudos o cocinados, cubios, zapallo, risottos, picantes, dulces, ácidos, crujientes, chocolate negro, amargos, patés, terrinas, pato, lengua, kale, langostinos, ajo, mejillones… las posibilidades son infinitas. El mundo es diverso y una manera de enseñárselo a nuestros pequeños es dejarlos degustar la diferencia.

5

**Acompaño estos pensamientos con unas lindas ilustraciones de Jill Barklem, a quien seguro le encantaba la comida.

Aprovecho para recomendarles el blog de Luciana Gonzales Daly lasaventurasdelninolechuga.wordpress.com y su instagram @lechouchou para mi, toda una inspiración. Alguien que no busca aparentar lo que no es, una mujer real, honesta y pensante.

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