Abro los ojos nuevamente… bienvenido 2017

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Fornasetti

A veces abro los ojos al mundo, pero no a ese del que tanto he hablado en otras ocasiones, el que me sorprende con las maravillas de la naturaleza, La Luz de la tarde, el sonido del viento, el sabor de la mantequilla sobre el pan o la sonrisa de mi hija. No, abro los ojos al mundo de las noticias de odio, los personajes absurdos y poderosos, la crueldad hacia quienes no han hecho nada o la injusticia diaria que viven quienes para tantos -todavía muchos- son diferentes.Abro los ojos a ese mundo difícil, irrespetuoso, agresivo… Ese mundo me aterra, me entristece, me agobia, me duele y a veces logra hacerme sentir desesperanzada, pasmada.

Cierro los ojos nuevamente.

No porque quiera negar que esas realidades existen, sino porque no quiero ver el mundo a través de esos lentes. No quiero que esas sean las realidades que filtran mi mente, la nublan, la vuelven gris, triste.

Miro hacia adentro mío, respiro y abro entonces los ojos nuevamente, pero para mirar con detalle todo aquello que me da esperanza, alegría. Abro los ojos al mundo que me anima, me estimula, me ilusiona, porque quiero verlo desde el filtro de mis sueños y seguir creyendo que es posible hacer posible lo imposible.

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Ahí, en las pequeñas cosas -como tantas veces lo he dicho-, está la fuerza que llena mis días y a lo que me aferro intensamente.

Ante este año que comienza, me comprometo principalmente a una cosa, seguir creyendo en la revolución de las pequeñas cosas. Seguir trabajando para que la gente se conecte,se conozca. Para que quien quiera, no pierda o recupere la capacidad de asombro, para que la diversidad y la diferencia no asusten, sino que estimulen. Seguir trabajando para pensar el mundo más creativa y abiertamente, para seguir jugando, para seguir defendiendo el goce, la pasión, el placer, para seguir encontrando los ritmos propios, las particularidades, las transformaciones y las extrañezas…

Las realidades de este mundo no son fáciles, no son alentadoras, a mi alcance, no están los grandes cambios, pero si los pequeños y a esos me apego con fuerza y entusiasmo.

Yo creo en la revolución de las pequeñas cosas. Porque me gusta pensar que un paso sigue al otro, que una sonrisa atrae a otra, que un pequeño acto anima a otros a salir a la luz y hacerse visibles.

Un punto de encuentro, una diminuta casita que pinta su puerta de amarillo, para abrirla a todos los que allí quieran encontrarse y compartir. Una puerta que se abre al mundo para volver a explorarlo, disfrutarlo, amarlo. Ese ha sido uno de mis sueños, una de mis pequeñas cosas, mis revoluciones, que este año se vuelve realidad. ¿Quien quiere seguir soñando conmigo? La puerta amarilla siempre estará abierta.

¿Se unen a la revolución de las pequeñas cosas?

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