Lazos tejidos a muchas manos

Alguna vez alguien me dijo que no se podía confiar en los amigos porque no te unen a ellos lazos de sangre. Esa afirmación retumba en mi cabeza y me irrita. Me irrita porque no creo en ella, porque si algo he tenido en la vida son grandes amigos, amigos que han estado ahí. Para reír, llorar, estar, gastar horas eternas oyéndome y dejándose oír… No todos han estado siempre, algunos han ido y han venido. Algunos nunca volvieron, otros no se han ido jamás.

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Los amigos son algo que reivindica la maravillosa capacidad de relación que tiene el ser humano solo por deseo, por querer y no por deber… quizás es esa una de las características que más me gusta de la amistad.

Es imposible que te obliguen a ser amigo de alguien. Las cosas se dan o no se dan. Esa gratuidad, esa capacidad eterna de establecer lazos de ida y vuelta que nos sostienen fuertemente en la vida y que no nos dejan caer, es algo que no quiero dejar de tener nunca.

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Tengo amigos porque quiero, porque los quiero y porque, así como me esfuerzo continuamente por no perder mi capacidad de asombro y de crear, me esfuerzo por mantener vivos los lazos que me unen a ellos. Por dar y recibir, por querer y dejarme querer.

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La vida me ha enseñado hermosamente que no es la cercanía lo que hace las amistades. Amistades en la lejanía se han ido fortaleciendo con los años y cuando volvemos a estar cerca parece que el tiempo hubiera parado su eterno andar para complacernos con la fantasía de nunca habernos alejado.

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La vida también me ha enseñado, que no es la similitud lo que hace las amistades. Amistades diversas, me han enriquecido con el aprendizaje del cariño en la diferencia, del respeto a ella y el enriquecimiento que me ofrece al mostrarme que la vida no se vive de una sola manera.

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La vida me ha regalado la lección de que no es la edad lo que nos acerca. Amistades de generaciones absolutamente dispares me han llenado con la sabiduría de otros tiempos y la aceptación de variados ritmos y maneras.

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La vida me ha demostrado que no son los años lo que asegura la amistad. Pareciera que la amistad rompe las reglas del tiempo, porque tengo amigos de la infancia que me conocen de siempre y amigos de hace días que me conocen ahora como si lo hicieran de toda la vida.

Tengo amigos que llenan mi vida a cada instante y la hacen feliz. Y no. Los lazos de sangre no son los únicos que hay en la vida. Los lazos tejidos a muchas manos y construidos en conjunto son fuertes y maravillosos y me declaro defensora rotunda de ellos. Si hay algo que quiero enseñarle a P, es la capacidad de abrirse a la amistad, a confiar, a dejarse caer en las redes construidas, porque estas son elásticas, resistentes y nos contienen, abrazan y protegen durante toda la vida.

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P.D. pido disculpas a todos los amigos que no quedaron en estas fotos. No estarán en fotos, pero hacen parte importante de mi vida.

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5 pensamientos en “Lazos tejidos a muchas manos

  1. Querida hija, Me emociona profundamente esta reflexión , tan bellamente dicha, sobre la amistad!!! Que sea la oportunidad para darle las gracias a mi mamá, tu abue, quien nos enseñó a tejer estos lazos de amistad a lo largo de la vida, de los países y los tiempos y con ello nos dio y nos dejó el mejor tesoro de la vida!!!

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