No está mas con nosotros

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Ha pasado el tiempo y me sigue costando entender que ya no está con nosotros. Esta en mis palabras, en la puesta del sol cuando su luz ilumina las fachadas y las vuelve rojizas, está en el pan que preparo con paciencia y tiempo, esta en el sorbo de té que baja por mi garganta cuando necesito el calor tibio en mis huesos…

Con tanta frecuencia pienso en todo lo que quisiera compartir con ella cada día, el  mundo que empiezo a ver con los ojos bien abiertos y a sentir con el corazón más que con la cabeza. Pienso en la risa de P que quisiera que ella oyera, en lo que sale del horno de mi casa que quisiera que ella probara… y descubro que su partida me mostró un camino que desconocía, me ayudó a ver la vida con el alma.

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Quizás empecé a escribir este blog porque sin darme cuenta era a ella a quien quería contarle todas estas cosas, porque sentía la necesidad de decirlas al viento para que le llegaran a ese ser que ya no ocupaba un cuerpo. Y me descubrí hablando sin miedo de mi vida. Abriendo las ventanas de mi ser para quien quisiera ver adentro y tal vez, encontrar cosas con las que sentirse afín, emocionado, ilusionado… Alcé la voz, aunque escriba en silencio, para hablar de todo lo que pasa por mi cabeza, para poner en palabras, o intentar hacerlo, esos pensamientos que son mi día a día.

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Ha pasado el tiempo y creí que me haría menos falta, pero no es así en lo absoluto, sin embargo, el tiempo me ha servido para aceptar que ya no está con nosotros, está en nosotros.

Hoy entiendo que la muerte de quienes más queremos nos convierte, si nos lo permitimos, en seres más sensibles, más abiertos a dejarnos afectar, impresionar, transformar, emocionar… porque entendemos que el tiempo está siempre ahí, pero depende de nosotros vivirlo; porque entendemos que el amor tiene más de una faceta y que todas vale la pena sentirlas; porque entendemos que la muerte no es solo el final, es también la oportunidad de nuevos comienzos, del despertar de emociones dormidas, cohibidas.

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Con su muerte, mi mundo se movió. El suelo perdió su aparente estabilidad y me vine abajo. Pero al irme levantando, al ir abriendo los ojos después de haber llorado tanto, empecé a percibir el mundo de otra manera, a permitirme verlo de otra manera. Y aunque nunca dejaré de extrañar su voz, su olor, su piel entre mis manos, su abrazo infinito, seguiré escribiendo para contarle mi vida, y a través de ella, a todos los que quieran leerme. Seguiré hablando de mi vida sin miedo, alto y claro, con orgullo y sin temor de ser vista por los otros, porque creo que es ahí, en el abrirse sin miedo a otros en donde se consigue una construcción de vida más real, más honesta, más empática con el mundo. Seguiré construyendo mi vida convencida de la importancia de jugársela todo por lo que uno ama, de la importancia de soñar para atreverse a hacer y del valor de conectar con gente que siempre enriquecerá nuestro mundo al hacerlo diverso, amoroso y confortable. Seguiré construyendo mi vida con ella, ya no entre nosotros, pero siempre ahí.

Se llamaba Julia.

(Hoy vimos Belleza colateral)

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Siete

Hoy P cumple 7 años y voy a tomarme la licencia de utilizar este espacio para escribir sobre ella. Porque en gran medida, ha sido P quien ha movido todo en mi para encontrar que podía dedicarme a lo que siempre me había hecho feliz, pero que había dejado un poco de lado por creer que era solo el acompañamiento de algo que suponía mucho más importante, cuando en realidad era todo lo contrario.

31 de julio de 2008

Siento un nudo en la garganta de la emoción y pienso en estos maravillosos años que hemos compartido con ella… cuánto hemos aprendido! Tenerla en mi vida ha sido lo mejor que me ha pasado, pues me ha ayudado a ser una mejor persona, a exigirme y cuestionarme y a descubrir que lo que quiero es gozarme la vida con ella y con J.

Paloma

Junto a P, he aprendido que no puedo controlarlo todo, que no hay nada como el presente y que el tiempo es mejor no presionarlo, hay que vivir cada momento, bueno, malo o regular, porque es parte de este camino que caminamos juntas. P me ha hecho ver el mundo y volver a sorprenderme con él y maravillarme con cada detalle que, a veces por las prisas o por tener la cabeza en el pasado o en el futuro, dejamos pasar sin darle importancia. Me hizo recordar que es en las cosas pequeñas en donde radica la felicidad. También me hizo recordar cómo me gustaba soñar con mundos de fantasía y volver a soñar con ellos. Porque junto a ella, volví a jugar sin vergüenzas, ni angustias por estar perdiendo el tiempo.

julio de 2015

Hoy quiero dedicarle esta canción de Ed Sheeran, porque cada vez que la oigo pienso en ella. Porque cuando vi el video, vinieron a mi mente miles de imágenes suyas creciendo, siendo esa persona que nos mueve la vida. Pero sobretodo porque espero que tenga la certeza de que la hemos amado profundamente y que, aunque el amor puede doler y, a veces, pueda ser difícil, amar y ser amado es lo más maravilloso del mundo.

Sé que llegará el momento en que necesitará con fuerza encontrar su mundo propio, diferente del nuestro, y espero pueda aprender a vernos en todas nuestras dimensiones, las que le gusten y las que no. Pero también confío en que se sentirá fuerte y segura, porque se habrá sentido siempre amada y que siempre encontraremos momentos para caminar juntas y reírnos de este mundo que tanto nos gusta y nos sorprende.

Feliz cumpleaños!

A propósito del día del padre

Ya lo dije alguna vez, mi historia es una historia de mujeres, pero han habido hombres maravillosos en ella y hoy, a propósito del día del padre, quiero hablar de ellos.

Dos han sido los hombres que cambiaron mi vida y aunque con los dos fue amor a primera vista, han sido amores muy diferentes.

Roma 1981

Mi papá llegó a mi vida cuando yo tenía poco más de dos años y creo que no hay que explicar esa llegada tardía, porque llegó para quedarse y ser el mejor papá del mundo, sin que la biología jugara ningún papel determinante en esto.

Desde el momento en que aceptó adentrarse en la aventura de su vida, lo hizo amorosa y generosamente, pero sobretodo comprometido con su nuevo rol de padre, aprendiendo día a día de nuestra relación y enseñándome que así son las relaciones, una construcción permanente que se enriquece con el tiempo.

Mi papá es un soñador, un idealista, un hombre comprometido con la vida y con su papel en ella. No le ha sido fácil caminar por esa senda, pero me ha enseñado que vale la pena mantenerse fiel a nuestros principios, a nuestros sueños. También me ha demostrado que el amor es más fuerte que todo. Ha sido mi cómplice y compañero de juegos.

Refunfuñón y terco, seco muchas veces, es de corazón y sensibilidad enormes. Sus manos hablan bien de él, grandes y fuertes, son a la vez tan delicadas que son capaces de dar caricias suaves, de limpiar lágrimas furtivas y de dibujar ratones imaginarios que me acompañaban al colegio los días grises de invierno en Paris, cuando levantarse era tan difícil. Siempre he dicho que mi papá es como un mojicón (un tipo de pan dulce colombiano), pues la capa de azúcar de afuera es áspera y carrasposa, pero su interior es dulce y blando.

Es una de las personas con más imaginación que conozco, capaz de contarle a su nieta historias interminables que nos dejan a todos boquiabiertos y envidiosos de su destreza y de su rico vocabulario. Noble, sincero y transparente, siempre me enseñó con su ejemplo que una pareja es un equipo en donde hombres y mujeres aportan, se acompañan, se estimulan y enriquecen. Feminista hasta la médula.

San Francisco, 2014

J llegó hace muchos años cuando menos lo esperaba. Me sorprendió su mirada, su capacidad de pensar en los detalles que me hacían feliz, su conversación fluida y la facilidad con la que me hacía reír y sentir querida.

Me enamoró el hombre que veía en él, aunque todavía era un niño. Mirando hacia atrás los años que llevamos juntos, descubro que comparto mi vida con un amigo, un cómplice, alguien en quien creo y quien cree en mí. No ha sido fácil, no se engañen, hemos tenido verdes y maduras, pero hemos logrado acoplarnos a los cambios de cada uno y crecer juntos, intentando siempre no olvidar que somos parte de la vida del otro, pero no la vida misma, porque creemos en lo maravilloso de compartir con ese otro amado, la vida que cada uno tiene.

Nunca dude del gran padre que sería. Supe desde siempre que volverse papá sería el triunfo de su vida y no me defraudó cuando P llegó a nuestras vidas. Verlo frágil, entregado, perdido en los ojos de su hija, me recordó lo vivido en mi infancia, cuando mi papá me rodeaba con su brazo y me hacía sentir protegida. J se dejó afectar por su hija, dejó que sus manos lo tocaran y que sus ojos lo miraran como nadie lo había hecho. Se dejó volver mejor hombre.

Siempre estarán entre mis recuerdos, las imágenes de J bañando a P desde que era una recién nacida, dejándola en su cuna en la madrugada para, sin haber dormido nada, bañarse e irse a trabajar, dándole el tetero en la penumbra e intimidad de la media noche, haciendo trenzas y pancakes en las mañanas, furioso en el jardín infantil cuando solo hacían referencia a “las mamás” y no hablaban de “los papás”… Lo he visto maquillado, peinado de mil maneras, dejándose operar o imaginando miles de hipótesis junto a P en relación a cual será la historia de la próxima película de star wars. Lo he visto oyéndola, compartiendo con ella su vida. Siempre ahí.

J ha apostado por la aventura de crecer. Le ha costado, como a casi todos, pero con miedo y valentía (porque si, se puede tener las dos cosas a la vez), el amor por nosotras, su familia, lo impulsó a querer conocerse, mirarse, cuestionarse, salir de su zona de confort y jugársela por una vida en compañía y en construcción permanente.

Mi papá y J, son dos hombres maravillosos, de los cuales me siento orgullosa. Y pese a asegurar que mi historia es una historia de mujeres, nunca sería la historia que es si ellos no hubieran aparecido en ella y hubieran decidido quedarse.

Nota: terminando este post, una gran amiga me compartió un texto de Alberto Soler que me cae como anillo al dedo, pues habla de hombres como mi papá y J. Hombres que “no ayudan a su mujer con los niños ni con las tareas de la casa”… que horror?? los invito a que le dediquen 5 minutos más a su tiempo de lectura en internet y lean este maravilloso post http://www.albertosoler.es/yo-no-ayudo-mujer-los-ninos-tareas-casa/

Cuando deje de soñar despierta quiero dormir sin soñar.

tu

Mi abuelita nos dejó a principios de este año y no ha sido fácil. Tenemos todos las tranquilidad de saber que vivió su vida al máximo y que, consecuente a sus ideas, no quiso enfrentarse al deterioro. No quiso dejar de vivir su vida como ella quería y su cuerpo la acompañó en sus convicciones. Sin estar muy preparados nos dejó.

Todavía siento su ausencia como un agujero negro en mi interior. Todavía siento que en cualquier momento volverá y tendré de nuevo su mano entre mis manos para pasear juntas a buscar cosas bonitas o a comer delicioso en algún restaurante. Todavía creo que oiré su voz y sentiré su risa ronca tras la puerta. Sé que no será así.

Pero pese a que siempre he dicho que no soy creyente, hoy quiero creer. Quiero creer en mundos de fantasía en donde hoy mi abuela imagina historias. Quiero creer en las posibilidades de ser de otra manera, de estar sin un cuerpo que nos contenga. Quiero decir tranquila que creo.

Creo en los sueños y en que es posible que se hagan realidad, creo en los lazos afectivos que tan fuerte se crearon y en la herencia de una historia que me hace ser lo que soy. Creo en el amor, en todas sus manifestaciones. Creo en el pasado, pero para gozar el presente. Creo en el futuro. Creo en la creatividad como la posibilidad de soñar. Si soy creyente.

Ayer, por fin tuve el valor de leer un diario que mi abuela me escribió durante un par de años, cuando cumplí 18. Un cuadernito en donde amorosamente me cuenta historias de mi familia, me comparte sus sueños, me dice que me ama. Lloré largamente… pero no me sentí triste.

“Yo había heredado el espíritu aventurero de tu bisabuelo. Además solo tenía 17 años, no me importaba el futuro. Tenía el presente y muchas ganas de vivirlo intensamente.”

“Recuerdo los duraznos japoneses florecidos en el cerro de Santa Lucía, sin una sola hojita, con las flores pegadas a las ramas, con pétalos gruesos como cera.”

“No recuerdo haber amado el estudio en ningún momento de mi infancia ni adolescencia. Sólo lo amé cuando voluntariamente he querido aprender algo”

“Es lo que me ha seguido gustando toda la vida. De las muchas y variadas cosas que he hecho, lo que más me apasiona es el proceso de “descubrir e inventar”, una vez logrado lo que inicio, no me apasiona tanto.”

“Esa es otra de las características de nuestra familia. Ya te he hablado de las despedidas, pero las llegadas siempre han sido maravillosas.”

“Me ha costado muchos años de culpa, entender que a pesar de todos los errores que entonces pude cometer, lo que yo estaba buscando era ser “yo”.

“Mi gran sueño: cuando deje de soñar despierta, quiero dormir sin soñar”

 Miami junio 2007

A propósito del día de la madre

Mi historia es una historia de mujeres. No porque no hayan hombres maravillosos en ella -de ellos hablaré en otro momento-, pero es una historia en donde llaman la atención mujeres que le apostaron a su autonomía, libertad y deseos.

Para mi, la historia comienza con mi bisabuela, la abuelita chiquita, como le decíamos debido a que con la edad se había encogido y era pequeñita. De tamaño, porque de carácter era grande.

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De ella sé que fué la primera mujer que manejó y que trabajó en su pueblo. Se divorció cuando no se hablaba de divorcio en este país y una vez separada construyó una pared que dividía los edificios que con su ex marido habían construído. Recuerdo sus manos arrugadas y como me dejaba jugar con su piel envejecida a estirarla para ver como se quedaba levantada. Tenía manchados los dedos por fumar, así como el techo sobre su cabeza en el lugar que diariamente ocupaba en el sofá. Nos dejaba a todos reírnos con las historias que contábamos de ella. Sé que adoraba leer y vivió hasta los 100 años.

Mi bisabuela tuvo tres hijas. A cual más de diferentes.

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Una de ellas mi adorada abuela. Rebelde desde que se supo, quería estudiar química, pero su papá no la dejó por no ser una profesión para mujeres. Se enamoró de un español, quizás porque hablaba de otros mundos y me atrevo a pensar que la hizo soñar. También se separó. Pero para sorpresa de muchos en su tiempo, simplemente porque aquel hombre no era la persona con quien se veía el resto de su vida. Mi abuelo no la maltrataba, no la engañaba, no era vago, ni alcohólico… como todo el mundo esperaba de un hombre si una mujer quería separarse de él. Pocos entendían en esos días, que a veces simplemente no es la persona para uno. Menos comprendieron que mi abuela aceptara a la nueva esposa de mi abuelo e hiciera que el mundo la respetara y le diera un lugar.

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Soñadora, apasionada, creativa, complicada… peleó siempre por lo que creía y por quienes quería. Mi abuelita se construyó un mundo que nos heredó a todos y me enseñó la grandeza de las pequeñas cosas, el disfrute de la estética.

Después vino mi mamá. Soñadora igual y creativa a su manera. Capaz de enfrentar cualquier dificultad, pero frágil en los detalles. Otro ejemplo maravilloso de luchar por lo que se quiere hacer en la vida y no por lo que toca. Juiciosa y loca a la vez, apasionada. Romántica empedernida, odia cocinar, pero hace platos con los que me relamo. Cose como nadie y escribe como pocos. Sabe escuchar. Siempre me ha dicho que lo importante es ser feliz y que muchas veces es mejor hacerle caso a las tripas y no a la cabeza (por lo menos en cuanto al amor se trata). Y entre todas las grandes lecciones que me ha dado, me enseñó que amar y dejarse amar es una experiencia maravillosa. Que un hombre, aquel con el que uno decida compartir su vida, es un compañero, un cómplice, un amigo de juegos y aventuras. Me dió un papá que adoro, cuando el primero renunció a compartir esta historia. la foto 2

Luego vine yo y ahí no me voy a detener.

Finalmente llegó Paloma. Con sus escasos 6 años (casi 7, me estaría corrigiendo si estuviera aquí y no en el colegio) es una gran mujer. No sé todavía cómo será de adulta, pero veo en ella la herencia de esta historia -obviamente compartida con la de su papá- y me esfuerzo por que tome todo lo bueno de ella y pueda liberarse de todo lo que no le sirva con facilidad. Que se sienta siempre empoderada de sí misma, de su ser mujer. Ella contará su historia más adelante, como bien lo dice La historia interminable, esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión. Sólo diré que nos ha enseñado mucho a todos y nos ha hecho revisarnos, repensarnos, cuestionarnos, ha sido un encantador catalizador para el crecimiento.

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Si, mi historia es una historia de mujeres. De mujeres que fueron madres, pero que abrieron caminos para no solo ser madres, caminos para llegar a mundos que parecían imposibles pero no por ello inalcanzables. Cada una en su momento consiguió a su manera dejarnos un legado de diversidad, de saber que como mujeres podemos elegir, explorar, expresarnos. Que podemos SER en toda la inmensidad de las posibilidades. Hoy, a propósito del día de la madre, pienso en lo maravilloso que ha sido hacer parte de esta historia de madres creativas y luchadoras, de esta historia de MUJERES en mayúscula. Espero hacerles justicia.