Un pedacito de amor en la maleta

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Desde hace un poco más de un año P dió inicio a su vida en primaria y empezamos a enviarle lonchera. Antes no era necesario porque le daban las onces en el colegio, así que era un tema en el que no pensábamos mucho más allá de conocer que le daban, para saber que eran ricas y balanceadas.

Pero con esta nueva etapa escolar, nos enfrentamos a un nuevo reto, preparar la lonchera todos los días. Teníamos claro que no queríamos recurrir a las opciones chatarra: paquetes de chucherías, gaseosas, dulces y el sinfín de productos pre fabricados que ofrece el mercado para estos snacks infantiles. No solo porque nos parecen poco saludables y nutritivas, sino principalmente, porque nos parecían despreocupadas, fáciles, vacías…

Sin pensarlo, la lonchera se fue convirtiendo en un pedacito de amor que le mandamos a P en su maleta todos los días. Una manera no verbal de decirle que la queremos, la cuidamos, la acompañamos. Y entonces, nunca fué, como alguna vez pensamos que podría ser, una dificultad, un gasto de tiempo o una complicación. Pensar y organizar la lonchera es como una pequeña carta de amor que diariamente le escribimos a nuestra hija para decirle que siempre estaremos ahí aunque no pueda tocarnos con sus manos.

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Para mi todo es importante, que sea rico, pensado, bien puesto, que huela bien… siempre pienso en la diversidad, porque a mi personalmente, me aburre enormemente comer siempre lo mismo. Hay días de sal, días de dulce, días indulgentes… y la verdad, no quita tiempo, da tiempo. Tiempo para pensar en sus gustos, en sus necesidades, en ella, en nosotros… que manía esa terrible obsesión actual por ahorrar tiempo. Comprar unos paquetes, unos jugos envasados y no pensar, meter todo de afán en cualquier maleta y salir de eso. He decidido que el tiempo lo ahorro, si hace falta, en otras cosas, pero no en eso. Así que hago miles de cosas que me gusta mandarle en las mañanas para que la hagan feliz. Y no solo hablo de comida. A veces, mando una pequeña nota en la que le digo algo bonito, porque, ¿no es maravilloso sorprenderse con palabras lindas en medio del dia?

No se asusten, no se trata de complicarse, hay un montón de cosas fáciles que se pueden preparar. Yo les voy a contar las que más nos gustan en esta casa, pero cada casa tiene sus gustos y preferencias, no hay una sola forma de hacerlo. La idea es que sea divertido, sencillo, rico y que se convierta en un acto amoroso y placentero y no en un agobio. En últimas, independiente de lo que vaya metido en la lonchera, aunque creo que quedaron bien claras nuestras preferencias, se trata del tiempo dedicado, del estar presente en esos pequeños actos que, aunque podrían pensarse sin importancia, lo son todo.

Aquí van nuestros favoritos:

Lonchera 1:  Pizza casera + fruta + agua con algún trozo de fruta adentro.

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La pizza es facilísima de hacer, es solo coger un pan árabe, ponerle pasta de tomate o alguna salsa de pasta rica, añadirle queso y orégano y meterla al horno hasta que el queso se derrita. A veces le añado champiñones, jamón, o rugula, pero eso ya depende del gusto de cada familia.

Al agua me gusta ponerle trozos de fruta o hierbas  para saborizarla, piña, arándanos, menta, fresas, moras, limón, pepino cohombro… lo que haya en la nevera, junto o separado. A veces a P le gusta sin nada. Agua sin más. Pero si a ustedes les gustan los jugos, pues jugos y no aguas.

Lonchera 2: barritas de pan con nutella  o pan de banano y nutella + fresas + bebida natural. También se puede cambiar el pan con nutella por barritas de pan con mantequilla y miel o mermelada o con queso crema 

Lonchera 3: wrap de queso y jamón + fruta + almendras (o un chocolate) + bebida natural

Lonchera 4: pancakes + sirup (en un frasquito aparte) + fruta + bebida natural. A veces le añado unas salchichitas o cambio el sirup  por azucar pulverizada o mermelada.

Lonchera 5: yogurt + miel (en frasquito aparte) + cereal  (también en frasquito aparte para que llegue crujiente y no blandito por la humedad del yogurt)+ fruta + bebida natural

Lonchera 6: ensalada de frutas + granola (en un recipiente aparte) + bebida natural. Cuando quiero sorprenderla con una pequeña indulgencia, le añado un par de merenguitos. 

Lonchera 7: barritas de pan tostado con miel (a veces van con mermelada o queso crema)+ fruta + bebida natural

Lonchera 8:  brownies o galletas de avena caseros + fruta + bebida natural. También se puede añadir un queso. 

Lonchera 9: platanitos o palitroques o palitos de zanahoria y apio + queso crema o sour cream + bebida natural + compota de fruta

Lonchera 10: queso pera + manzana + mantequilla de maní natural + almendras + bebida natural

Lonchera 11: totopos + pico de gallo o salsa mexicana + fruta + bebida natural

Lonchera 12: Pan de banano + mango biche con sal, limón y miel + bebida natural

 

Espero que les gusten las sugerencias, pero sobretodo, que los inspiren para crear sus propias combinaciones y mandar en la lonchera un trocito de amor a sus hijos.

 

¿Cocinar o no cocinar? Esa en la cuestión.

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Y de pronto alguien pone palabras, hermosas palabras, a lo que hace ya unos buenos años vengo sintiendo.

“Como ya se habrán dado cuenta, opino que cocinar o no cocinar se convierte en una cuestión trascendental, aunque reconozco que es una forma muy rotunda de plantear el problema.

Cocinar significa cosas distintas en momentos distintos para gente distinta. Pero casi nunca es cuestión de todo o nada. Sin embargo, cocinar con más frecuencia de lo que hacemos ahora, o dedicar el domingo a preparar algunos platos para la semana, o intentar de vez en cuando elaborar algo que antes sólo podías comprar, son actos modestos que constituirán una forma de voto.

¿Un voto para qué exactamente?

En un mundo donde ya muy pocos estamos obligados a cocinar, el hecho de decidir hacerlo es una forma de protestar contra la especialización. Contra la total racionalización de la vida. Contra la infiltración de los intereses comerciales en todas las facetas de nuestra existencia.

Cocinar por el placer de hacerlo, y dedicarle un poco de tiempo libre, es declarar nuestra independencia de las corporaciones que quieren convertir cada minuto que estamos despiertos en una ocasión para consumir.

Cocinar tiene el poder de transformar más que plantas y animales. Cocinar nos da la oportunidad tan rara en nuestra vida moderna, de trabajar directamente por nuestro bien y el de las personas que alimentamos.

Desde el punto de vista económico, puede que no sea la forma más eficiente de usar el tiempo del cocinero aficionado, pero es realmente hermoso.

¿Hay algo menos egoísta, algún trabajo menos alienado, un tiempo mejor aprovechado que preparar algo delicioso y nutritivo para las personas que queremos?”.

Michael PollanCooked

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No se pierdan la oportunidad de ver esta linda y profunda serie, Cooked, en Netflix.

No puedo dejar de aprovechar este momento para recomendarles un gran libro que también habla del tiempo… Momo, de Michael Ende y que justo estamos leyendo en este momento.

Una oportunidad para soñar y jugar

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Mientras se está en la edad en la que todavía se cree en mundos de fantasía, soñar con otras realidades es más frecuente que nunca e intentar crearlas es una oportunidad difícil de resistir. Un cumpleaños, es la excusa perfecta para inventar mundos y, durante un día, hacerlos realidad para jugar en ellos.

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Hemos aprovechado estos celebraciones de P como el tesoro que son, pues los años van pasando, los intereses van cambiando, y aunque sabemos que cada vez será menor nuestra participación, tenemos la certeza que siempre estaremos ahí para celebrar su cumpleaños. Y claro, para soñar otros sueños, quizás ya no de mundos de dragones y magos, sino mundos diversos, respetuosos, incluyentes, justos…

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Cada año su cumpleaños es quizás una de las celebraciones que más disfruto. Soñar durante meses a su lado con lo que sucederá ese día me llena de felicidad y se convierte en un proyecto que adoro llevar a cabo.

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Nunca hemos sido amigos de las fiestas pre fabricadas, esas en las que se compra todo hecho y da igual quien la haga. Nos gustan las celebraciones que hablan de quien las hace, aquellas en las que se ha puesto el corazón y las imperfecciones son sólo la huella de las personas que han participado. A mi personalmente me gusta hacer cosas, me gusta imaginarme junto a ella el mundo que crearemos para ese día y hacerlo realidad con lo que hay en casa, a la medida de nuestras posibilidades y en donde cada uno de los que tanto la queremos, podamos aportar.

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Ahora que P cumplió 8 años, miro hacia atrás y veo cada festejo con una sonrisa en la cara, pues se que fuimos felices en la preparación de cada uno de ellos. Quizás eso ha sido lo más importante, el proceso para llegar al día de la fiesta. Las horas de pintar, coser, cocinar, morirnos de la risa, correr, bailar, en fin, tantos recuerdos, tantas maneras de decirle que la queremos.

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Cuando la vemos soñar con su próxima fiesta y verla tan segura que entre todos podremos hacerla realidad, pienso en lo orgullosa que me siento de esta familia que cree en los proyectos, en los sueños hechos realidad y en el poder del trabajo en grupo. Siento que hemos logrado mostrarle a P que trabajando juntos, unos con otros, todo lo que uno se imagina es posible. Que soñar siempre será el inicio de un proyecto que puede hacerse realidad.

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Su cumpleaños ha sido siempre una oportunidad para soñar y jugar. Para estar juntos.

Nuestra participación es cada vez menos activa. Cada vez hacemos menos cosas. Pero siempre habrá otros proyectos, otros escenarios en donde seguir soñando y jugando a su lado. Su cumpleaños, así sea solo acompañándola al cine con sus amigas o llevándola a que celebre con ellas en algún lugar, será siempre un motivo de celebración. Un recordatorio de lo maravilloso que es compartir la vida con ella y seguir creciendo juntos. Sueña, nunca dejes de hacerlo. Felices 8 años (aunque este post llegue un poco tarde)

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West coast vacations

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Siempre he pensado que las vacaciones no se acaban el día que pasas de nuevo por la puerta de tu casa. Es cierto que una vez regresas, poco a poco las rutinas vuelven y la normalidad, si existe, lentamente retoma su cauce. Sin embargo, si de verdad las vacaciones se han vivido, nunca más volverás a ser el que eras cuando te fuiste.

De todos modos es verdad, que entre que entras de regreso a casa y sientes nuevamente que la vida vuelve a su ritmo cotidiano, hay un periodo en el que estás todavía un poco a medias, soñando con ambos mundos y todavía con el sabor de otros lugares en la boca.

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Debo aceptar que a mí, ese momento intermedio en el que ya estás físicamente en casa, pero la mente y las emociones siguen un poco de viaje, me encanta, me estimula y me inspira para volver a mi vida con más ganas, más proyectos y con una gran sonrisa en la cara. Y quizás, para prolongar un poco más este momento disfruto con gran placer repasar recuerdos y fotos y así comprender que de ahora en adelante harán siempre parte de mi vida.

Esta vez, me tomaré la libertad de utilizar este espacio para esto y compartirles algunos de los mejores recuerdos de estos días de vacaciones.

Para empezar, una de las cosas maravillosas que hicimos este año, fue soñarnos -hace varios meses- este viaje y hacerlo con unos grandes amigos / familia, pues hizo que la experiencia se enriqueciera enormemente y que compartiéramos unos días de ensueño que harán parte de nuestros recuerdos conjuntos. Con ellos decidimos viajar a la costa oeste de Estados Unidos, específicamente a los Ángeles y robarle unos días a esta gran ciudad para escapar a San Diego y Las Vegas.

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Otra gran elección fue decidir hacer todos los desplazamientos internos en carro. En total hicimos más de 3.000 km!!! Pero los paisajes y la posibilidad de parar en donde quisiéramos para explorar fueron maravillosos.

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No fueron tantos días, pero hicimos millones de cosas y para organizar mi relato y los recuerdos que llegan desordenados, emocionados y a trompicones, seguiré ésta ruta:

  1. San Diego
  2. Las Vegas
  3. Los Ángeles y alrededores

No se asusten!!! No les voy a contar todo de una sola vez, pues eso solo se hace alrededor de una mesa y con un buen vino en la mano. Les iré contando poco a poco detalles de esta aventura que emprendimos estas vacaciones porque me hace ilusión compartirlo con quien quiera leerlo y ojalá, para que quienes no hayan elegido este destino entre sus viajes, se decidan a hacerlo. (el que quiera un vino mientras lee, bienvenido sea)

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Tal vez, no hay que tratar tanto

Antes que nada, Feliz nuevo año a todos!!! Espero hayan tenido unas maravillosas fiestas y estén empezando el año llenos de sueños por cumplir.

P y M en la ventana

En estos días de vacaciones y de niños en casa, he pensado mucho en los comentarios que casi por defecto hacemos “que largas las vacaciones!!”, “¿qué organizo para que no se aburra?”, “pobre, lleva todo el día en la casa!!” etc… y en cómo muchos adultos se sienten muy agobiados en relación a los tiempos libres de sus hijos.

A veces creo que las mamás y papás de estos tiempos, sienten que para ser buenos padres deben esforzarse mucho… no me mal entiendan, desde luego creo que ser padres, implica un compromiso serio, una constante evaluación y una capacidad autorreflexiva y autocrítica muy alta. Pero me parece que hoy en día, por lo menos en mi entorno, las mamás y los papás, se sienten con la obligación de dar todo lo mejor a sus hijos; cursos, clases, millones de actividades… Con frecuencia pienso que hay que relajarse, gozar los momentos compartidos y seguir atesorando los propios (de uno y de sus hijos, porque ellos también necesitan tiempo propio y a solas)

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Creo que tenemos que esforzarnos menos en crear y moderar espacios para y con los niños y dejarlos más vivir su infancia. Dejarlos que inventen, propongan, descubran, y también, si señores, que se aburran, pues definitivamente aburrirse es un gran catalizador creativo.

Quizás tenemos que preocuparnos menos porque nuestros hijos accedan siempre a lo mejor de todo, tal vez con la fantasía -no aceptada o consciente- de que sean los mejores en todo. No estar rodeado siempre por lo mejor o no tener siempre acceso a las mejores ofertas es importante. Importante para aprender a construir con lo que hay, con lo que se puede. No siempre podemos ofrecerles un tiempo de calidad, creativo, enriquecedor, etc, etc… a veces estamos ocupados con millones de cosas, no tenemos la mejor actitud, estamos tristes, enojados… en fin, somos humanos y la vida no siempre es perfecta, menos mal. Pero no necesariamente hay que sentirse en deuda o en falta por eso.

Alguna vez leí en un libro de Louise Hay que tenemos que aceptar y entender que nuestros padres hicieron lo mejor que podían con lo que tenían y, quizás, dejar de poner todas nuestras tristezas, rabias y nostalgias en ellos y aprender a vivir con la historia que a cada uno nos tocó. Es importante aprender eso, porque así es como creo que hay que vivir la vida, lo mejor que se pueda con lo que se tenga. No me entiendan mal, no estoy diciendo que hay que ser mediocres, resignados o conformistas, mucho menos que no hay que esforzarse por los hijos. Simplemente digo que no hay que tratar tanto, que hay que relajarse y permitir que la vida fluya con más tranquilidad, no tan rápido ni con tantas expectativas como el mundo actual nos hace creer.

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Como todo en la vida, creo que se trata de ritmos y equilibrios. Y esos, amigos míos, no los da nadie, no se encuentran afuera. Esos, hay que buscarlos, pelearlos, defenderlos. Esos son propios, íntimos, transformables y maleables.

Ser mamá y ser papá no es sencillo, pero no es una tortura. Los meses de vacaciones no deberían ser un drama, si podemos estar, bien, delicioso compartir y disfrutar de ese momento, pero si no podemos estar, nuestros hijos también son capaces de divertirse, encontrar entretenciones y disfrutar su propio tiempo. Campamentos, cursos de vacaciones, actividades, son maravillosos, si no se convierten en obligaciones o en motivos de angustia si no son frecuentes. No tener todo planeado, organizado y ocupado, no es grave. De hecho, creo que es una gran oportunidad para todo lo posible.

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Una palabra clave: decidir

Soy, sin lugar a dudas una mujer que se siente orgullosa de serlo. Una mujer, que siempre ha sentido que merece lo mismo que un hombre y que por lo mismo, también tiene semejantes responsabilidades. Una mujer con sueños, ilusiones y metas en la vida.

Agradezco enormemente a todas las mujeres que hace muchos años decidieron dar la pelea para que hoy pudiéramos acceder a muchos de los espacios que se creían exclusivos para hombres… pero todavía nos falta mucho y creo que hoy, es importante replantear los términos y volver a cuestionarnos.

Apoderarse de la capacidad de decidir, es la gran batalla. Pero es una batalla que no podemos dar solo nosotras. Porque mis queridos hombres sin saberlo, al seguir siendo cómplices de este sistema que les ha resultado tan cómodo por tantos años, se están perdiendo de maravillosas cosas de la vida que otros han empezado a disfrutar. La posibilidad de ser flexibles, generosos y abiertos a los cambios es la gran lucha de la vida en pareja. Porque como mujeres y como hombres, hoy en día lo queremos todo en una sociedad que no fácilmente nos lo permite.

Los hijos ya no son solo de las mujeres, el trabajo no es solo de los hombres, todos queremos tiempo a solas, todos queremos cumplir nuestros sueños. No es fácil. Pero de a dos es más sencillo. Juntos, tenemos que conseguir una sociedad más conciliadora, en donde el tiempo de tener hijos, no se considere una intromisión en la carrera profesional de ninguno. En donde tanto padres como madres, puedan tener tiempo para estar en familia, sin que esto afecte su estabilidad laboral. Una sociedad que respete nuestros ritmos, porque con seguridad seremos más “productivos” de esta manera, pero sobre todo más felices.

Decidir qué queremos ser, por encima de qué tenemos que hacer.

Quiero compartirles un fragmento de un libro maravilloso, escrito hace ya varios años, pero que sigue siendo terriblemente vigente. Pero quiero que los hombres que me leen, lean este texto cambiando el género, y se tomen el tiempo, sincero y consciente, de pensar si no desean lo mismo. ¿Acaso no queremos todos tener la oportunidad de DECIDIR? No se confundan queridos hombres, a ustedes tampoco les es fácil hacerlo libremente.

QUIERO VOLVER A CASA, no necesariamente todo el tiempo.
QUIERO VOLVER A CASA, más a menudo, más tiempo, más libremente.
QUIERO VOLVER A CASA, allí está mi punto de amarre, mi centro de gravedad. La toma de ternura donde puedo recargar las baterías de mi energía.
QUIERO VOLVER A CASA, no quiero pasarme la vida yendo a ver a otra parte si he llegado.
Me niego a optar entre mi destino de mujer que trabaja y mi vida de madre de familia.
No acepto morir el año entero ni de aburrimiento doméstico, ni de fatiga profesional.
No quiero ver a mis hijos ni dos horas por día corriendo, ni doce horas por día gritando.
No creo ni en el trabajo liberador ni en el sacrificio femenino incondicional.
No me considero ni una herramienta de trabajo, ni un aparato electrodoméstico.
Tengo ganas de vivir.
Quiero todo a la vez.
¡Estoy harta de ser una mujer dividida en dos!

Christiane Collange
Je veux rentrer a la maison
Editions Grasset et Fasquelle
1979

Esta es una pelea que muchas mujeres, tal vez no las suficientes, han empezado a librar. Anhelamos conseguir espacios más conciliadores, en donde sin dramas ni terribles esfuerzos podamos articular los diferentes aspectos de nuestra vida. Porque si, la vida tiene muchos matices. Somos mujeres, madres, amigas, esposas, profesionales, exploradoras, soñadoras, batalladoras… Sin embargo, quizás una de las cosas que más me sorprende es que sean pocos los hombres los que también quieran dar esa batalla. Cómo si la vida en familia, íntima y cotidiana fuera territorio exclusivo de las mujeres. No señores, los territorios no son exclusivos y si nosotras luchamos por ganarnos los que se creían masculinos, ustedes también tienen derecho a los que todavía se creen femeninos.

Ernest et Celestine

Creo, cada vez con más fuerza, que el lugar de poder que han ocupado los hombres, ha cegado a muchos la posibilidad de una vida diversa y plena. Sintiendo que tienen derecho a todo, irónicamente se han negado la libertad de vivir lo femenino. Qué paradoja!

Si, soy una mujer que se siente orgullosa de serlo. Pero que quiere serlo a su propio ritmo y bajo sus propios estándares. No quiero ser la mujer perfecta, la amiga perfecta, la profesional perfecta… quiero ser la mujer que soy. Una mujer que quiere poder apostarle a la felicidad y que quiere hacerlo en pareja, sin sentir que dará una batalla sola. Quiero decidir libremente, sin culpa, sin malas caras. Porque si vencemos esta batalla, nos beneficiaremos todos.

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Nota: Acompaño este texto con las bellas ilustraciones de los libros de Ernest et Celestine, de Gabrielle Vincent. Un bello ejemplo de un papá sin miedo a vivir lo femenino.

A propósito del día del padre

Ya lo dije alguna vez, mi historia es una historia de mujeres, pero han habido hombres maravillosos en ella y hoy, a propósito del día del padre, quiero hablar de ellos.

Dos han sido los hombres que cambiaron mi vida y aunque con los dos fue amor a primera vista, han sido amores muy diferentes.

Roma 1981

Mi papá llegó a mi vida cuando yo tenía poco más de dos años y creo que no hay que explicar esa llegada tardía, porque llegó para quedarse y ser el mejor papá del mundo, sin que la biología jugara ningún papel determinante en esto.

Desde el momento en que aceptó adentrarse en la aventura de su vida, lo hizo amorosa y generosamente, pero sobretodo comprometido con su nuevo rol de padre, aprendiendo día a día de nuestra relación y enseñándome que así son las relaciones, una construcción permanente que se enriquece con el tiempo.

Mi papá es un soñador, un idealista, un hombre comprometido con la vida y con su papel en ella. No le ha sido fácil caminar por esa senda, pero me ha enseñado que vale la pena mantenerse fiel a nuestros principios, a nuestros sueños. También me ha demostrado que el amor es más fuerte que todo. Ha sido mi cómplice y compañero de juegos.

Refunfuñón y terco, seco muchas veces, es de corazón y sensibilidad enormes. Sus manos hablan bien de él, grandes y fuertes, son a la vez tan delicadas que son capaces de dar caricias suaves, de limpiar lágrimas furtivas y de dibujar ratones imaginarios que me acompañaban al colegio los días grises de invierno en Paris, cuando levantarse era tan difícil. Siempre he dicho que mi papá es como un mojicón (un tipo de pan dulce colombiano), pues la capa de azúcar de afuera es áspera y carrasposa, pero su interior es dulce y blando.

Es una de las personas con más imaginación que conozco, capaz de contarle a su nieta historias interminables que nos dejan a todos boquiabiertos y envidiosos de su destreza y de su rico vocabulario. Noble, sincero y transparente, siempre me enseñó con su ejemplo que una pareja es un equipo en donde hombres y mujeres aportan, se acompañan, se estimulan y enriquecen. Feminista hasta la médula.

San Francisco, 2014

J llegó hace muchos años cuando menos lo esperaba. Me sorprendió su mirada, su capacidad de pensar en los detalles que me hacían feliz, su conversación fluida y la facilidad con la que me hacía reír y sentir querida.

Me enamoró el hombre que veía en él, aunque todavía era un niño. Mirando hacia atrás los años que llevamos juntos, descubro que comparto mi vida con un amigo, un cómplice, alguien en quien creo y quien cree en mí. No ha sido fácil, no se engañen, hemos tenido verdes y maduras, pero hemos logrado acoplarnos a los cambios de cada uno y crecer juntos, intentando siempre no olvidar que somos parte de la vida del otro, pero no la vida misma, porque creemos en lo maravilloso de compartir con ese otro amado, la vida que cada uno tiene.

Nunca dude del gran padre que sería. Supe desde siempre que volverse papá sería el triunfo de su vida y no me defraudó cuando P llegó a nuestras vidas. Verlo frágil, entregado, perdido en los ojos de su hija, me recordó lo vivido en mi infancia, cuando mi papá me rodeaba con su brazo y me hacía sentir protegida. J se dejó afectar por su hija, dejó que sus manos lo tocaran y que sus ojos lo miraran como nadie lo había hecho. Se dejó volver mejor hombre.

Siempre estarán entre mis recuerdos, las imágenes de J bañando a P desde que era una recién nacida, dejándola en su cuna en la madrugada para, sin haber dormido nada, bañarse e irse a trabajar, dándole el tetero en la penumbra e intimidad de la media noche, haciendo trenzas y pancakes en las mañanas, furioso en el jardín infantil cuando solo hacían referencia a “las mamás” y no hablaban de “los papás”… Lo he visto maquillado, peinado de mil maneras, dejándose operar o imaginando miles de hipótesis junto a P en relación a cual será la historia de la próxima película de star wars. Lo he visto oyéndola, compartiendo con ella su vida. Siempre ahí.

J ha apostado por la aventura de crecer. Le ha costado, como a casi todos, pero con miedo y valentía (porque si, se puede tener las dos cosas a la vez), el amor por nosotras, su familia, lo impulsó a querer conocerse, mirarse, cuestionarse, salir de su zona de confort y jugársela por una vida en compañía y en construcción permanente.

Mi papá y J, son dos hombres maravillosos, de los cuales me siento orgullosa. Y pese a asegurar que mi historia es una historia de mujeres, nunca sería la historia que es si ellos no hubieran aparecido en ella y hubieran decidido quedarse.

Nota: terminando este post, una gran amiga me compartió un texto de Alberto Soler que me cae como anillo al dedo, pues habla de hombres como mi papá y J. Hombres que “no ayudan a su mujer con los niños ni con las tareas de la casa”… que horror?? los invito a que le dediquen 5 minutos más a su tiempo de lectura en internet y lean este maravilloso post http://www.albertosoler.es/yo-no-ayudo-mujer-los-ninos-tareas-casa/